Una mirada desde la cultura de paz

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En función de la prioridad que otorgamos a las nociones de participar, hacer y transformar, recomendamos que los docentes consideren los siguientes enfoques:

  • Educación Intercultural.
  • Educación para una Ciudadanía Democrática.
  • Educación en Derechos Humanos.
  • Educación en Artes y Cultura.
  • Educación en Deportes.

La división entre estos enfoques es sólo a los efectos de explicitar una explicación para cada uno de ellos. Sin embargo consideramos que cualquier estrategia de enseñanza que se implemente debe tener su complementariedad, y aún, más formas innovadoras de relacionarlos como componentes en una misma iniciativa.

Un marco de trabajo que podría comprender a estos enfoques, aunque también podría considerarse como una dimensión en sí misma, es la noción de “Cultura de Paz”.

Según la definición de las Naciones Unidas (1998, Resolución A/52/13), la cultura de paz consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, los grupos y las naciones.

Cabe destacar que lo mencionado, no quiere significar el ocultamiento de la violencia o del conflicto, sino justamente enfocarlos desde las causas que los producen: la falta de acceso a una educación de calidad o de acceso y disfrute del deporte y la cultura, una nutrición deficiente, la carencia de relaciones de amistad verdadera, una baja autoestima y autoconfianza, la existencia de relaciones conflictivas en el hogar, la falta de oportunidades para acceder a un empleo decente, la inseguridad ciudadana, los contextos sociales violentos (con intolerancia, discriminación, racismo, etc.), la falta de oportunidades para expresarse y poner en práctica las habilidades socioemocionales, son todos fenómenos que pueden contribuir, de forma individual y combinada, no solo a aumentar la violencia, sino lo que es más grave, a acentuar la vulnerabilidad de las personas y de sus comunidades, y profundizar la desigualdad.

En este sentido, creemos que un abordaje más amplio del concepto de convivencia, podría contribuir a brindar una variedad de herramientas que en el ámbito educativo, formal y no formal, se reflejen en innovadores enfoques  de este fenómeno y en el desarrollo de iniciativas que respondan a la complejidad de este fenómeno. Lograr la convivencia no es solamente ponerse de acuerdo con el otro, aunque desde ya esto es un paso muy importante. No se trata únicamente de la regulación de un comportamiento sino de creación de situaciones, contextos, procesos y relaciones que hacen a las personas y a las comunidades ser los protagonistas de su propio destino, su progreso y bienestar, en diálogo permanente con la diversidad que ofrece la interacción con los demás, en el marco de complejos contextos históricos, políticos, económicos, sociales, culturales, tecnológicos, medioambientales, de nivel local, nacional o global.

Para la construcción de una cultura de paz inclusiva y sostenible en el tiempo, que justamente en su desarrollo transforme realidades para profundizar la igualdad, proponemos un enfoque que combina elementos de la educación para una ciudadanía democrática y la educación en derechos humanos, donde convivir, o aprender a vivir juntos, supone:

  • Desarrollar sentimientos de autoestima, autoconfianza, generosidad, amistad, respeto, reconocimiento y valoración a sí mismo y al otro;
  • Desarrollo y fortalecimiento de la identidad personal;
  • Conocer los derechos humanos; desarrollar valores y actitudes coherentes con los mismos; y actuar en su promoción y defensa;
  • Desarrollo de la autonomía moral (acciones como fomentar actos de auto-regulación consonantes con la determinación autónoma de metas socio morales-personales; o como dar espacios y oportunidades para que los estudiantes decidan para sí lo que es correcto desde sus razones y creación de áreas de elección personal);
  • Profundizar el cuidado de sí mismo y de los demás;
  • Desarrollar el juicio crítico;
  • Conocer las normas y aplicarlas en la vida cotidiana;
  • Aprender a tomar decisiones libres y responsables para construir un proyecto de vida digno en relación con los demás y mis contextos;
  • Participar en, y liderar, proyectos colectivos dirigidos a promover los derechos humanos y el bienestar común.

“La cultura de paz supone ante todo un esfuerzo generalizado para modificar mentalidades y actitudes con ánimo de promover la paz. Significa transformar los conflictos, prevenir los conflictos que puedan engendrar violencia y restaurar la paz y la confianza en poblaciones que emergen de la guerra. Pero su propósito trasciende los límites de los conflictos armados para hacerse extensivo también a las escuelas y los lugares de trabajo del mundo entero, los parlamentos y las salas de prensa, las familias y los lugares de recreo (…) Forjar una cultura de paz es hacer que los niños y los adultos comprendan y respeten la libertad, la justicia, la democracia, los derechos humanos, la tolerancia, la igualdad y la solidaridad. Ello implica un rechazo colectivo de la violencia. E implica también disponer de los medios y la voluntad de participar en el desarrollo de la sociedad.”

¿Qué es la educación para una cultura de paz?

Según UNESCO, en la definición de su Proyecto Transdisciplinario. “Hacia Cultura De Paz” (2000), la cultura de paz es la base sobre la cual se sustenta cualquier estrategia de convivencia, al mismo tiempo que “sólo puede tener éxito en un contexto de entendimiento mutuo y de concepción abierta y activa de la diversidad”. Es decir, que una cultura de paz y la convivencia, el aprender a vivir juntos, son conceptos mutuamente dependientes.

¿Qué valor tiene preguntar a niños, niñas, adolescentes y jóvenes por las causas de la violencia?

En los últimos años, políticas, programas e iniciativas desarrolladas mayormente por gobiernos y organizaciones de la sociedad civil, destinados a reducir la violencia en todos los ámbitos, dentro y fuera de la escuela, están incorporando un enfoque en el cual el problema de la violencia es abordado desde la paz, o más precisamente, la construcción de una cultura de paz.  En este sentido, en vez de preguntar por las causas de la violencia, estas iniciativas incentivan a los participantes a reflexionar sobre la paz, sus causas, y también a involucrarse y participar activamente en su promoción.