Qué significa aprender a vivir con otros

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La educación es un derecho humano que para realizarse, necesita entre otros elementos, crear espacios donde los niños y niñas puedan aprender y jugar en un ambiente seguro. Por tanto podemos decir que la convivencia, como condición del aprendizaje, es también un derecho humano. Y como tal, debemos no solo propiciar todas las condiciones para su desarrollo desde la institución educativa, lo cual incluye enseñar a los niños y niñas acerca de este tema, involucrar a las familias y a las comunidades. La violencia profundiza la vulnerabilidad de los niños y niñas, es decir su capacidad para acceder y disfrutar plenamente de todos sus derechos, ser felices y capaces de construir una vida digna que contribuya al presente y futuro de sus comunidades. La violencia los aísla y desintegra no solo de la escuela, sino de la familia y la comunidad de la que son parte. Por todo lo mencionado, se recomienda que este tema de “aprender a vivir con otros” sea mirado desde una perspectiva de derechos integral.

El significado del concepto “aprender a vivir con otros” puede variar de acuerdo a nuestros contextos y realidades, a la definición de quienes somos, a nuestra cultura e historia de vida, y la comunidad donde vivimos.

Sin embargo podemos dejar establecido que, más allá de la necesidad de construir una definición contextualizada al ámbito en el que nos desempeñamos, aprender a vivir con otros es una idea superadora del concepto de convivencia e implica aprender a desarrollar relaciones sociales construidas sobre la base del conocimiento, la valoración, el reconocimiento, y el cuidado mutuo; también sobre la base de sentimientos: el afecto, la amistad, la empatía y la solidaridad con los otros, como factores ineludibles de la búsqueda del bienestar y la seguridad individual y colectiva.


Aprender a vivir con otros es un concepto que solamente adquiere sentido si lo construimos con los otros, impregnándolo de un protagonismo mutuo cuyo resultado es la configuración de una nueva historia, una nueva realidad, que nos involucra a todos y a todas, y que logra que una parte nuestra se reconozca y combine con las de los demás.

Según el “Informe de Desarrollo Humano 2014: Sostener el Progreso Humano. Reducir Vulnerabilidades y Construir Resiliencia”  elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD):

“El conflicto y la sensación de inseguridad personal tienen impactos adversos generalizados en el desarrollo humano y dejan a miles de millones de personas viviendo en condiciones precarias.” (…) “Las mejoras en la seguridad personal pueden tener un profundo impacto en la vulnerabilidad real y percibida de los individuos y de las comunidades y en su sentido de seguridad, empoderamiento y agencia.” (Página 5) 

Por lo tanto, cuando pensamos el concepto de aprender a vivir con otros en el ámbito escolar, creemos que es importante hacerlo desde una visión que plantee además de una antítesis de violencia, un enfoque que promueva tanto su prevención como el diseño de propuestas participativas de construcción de una cultura de paz. En diversas secciones de este blog les brindamos herramientas para ello.

En los últimos años se ha demostrado que, para lograr una verdadera construcción de una cultura de convivencia y de paz, se requiere que los educadores, que hoy ya son reconocidos como líderes sociales en la escuela y su comunidad, vayan más allá de una tarea preventiva basada en una perspectiva de “seguridad”, y estén preparados para el diseño e implementación de propuestas educativas que transformen la vida de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes más allá de los muros escolares y la producción de conocimientos académicos. Propuestas educativas integrales que produzcan contenidos y prácticas socialmente significativos con una mirada en la formación de una ciudadanía democrática y la promoción y ejercicio de los derechos humanos dentro y fuera de la institución escolar.

Hablamos de propuestas que establezcan espacios y mecanismos para impulsar el protagonismo de niños, niñas y jóvenes, y por medio de la práctica, del aprender haciendo, y que los preparen adecuadamente para comprenderlos y aprovecharlos en favor del desarrollo de sus proyectos de vida y la participación en iniciativas de acción colectiva que impacten positivamente en el bienestar de sus familias y las comunidades de las cuales son parte.

Para alcanzar la democratización del espacio escolar, estas propuestas educativas deberán estar concebidas desde el principio de la integración y cohesión social, y proponer acciones que promuevan el diálogo y la colaboración permanente entre los miembros de la comunidad educativa, y entre éstos y su contexto comunitario más inmediato.

Por lo mencionado, la propuesta de trabajo planteada en esta publicación, consiste en privilegiar un abordaje basado en la educación para una ciudadanía democrática y la educación en derechos humanos, el cual constituye una respuesta efectiva y legítima a la demanda de construcción de una cultura de paz contextualizada a las realidades y necesidades no sólo de las instituciones escolares, sino y principalmente, de su comunidad educativa.