Educación para una Ciudadanía Mundial: Una nueva perspectiva

on

El segundo paradigma en cuestión es la educación para una ciudadanía mundial, un enfoque lanzado recientemente por UNESCO, en el marco de la iniciativa La Educación ante Todo, lanzada en 2012 por el Secretario General de Naciones Unidas, y que favorece el fortalecimiento de las competencias ciudadanas miradas desde una perspectiva global e intercultural. Básicamente, fomentar la conciencia para formar ciudadanos del mundo.

Este término, muchas veces controversial porque puede ser interpretado como una “amenaza a lo local o nacional”, no concibe a la ciudadanía mundial como

“un estado jurídico, sino como un sentido de pertenencia a la comunidad global y a una humanidad compartida, con integrantes que son solidarios y sienten una identidad colectiva, así como una responsabilidad común a nivel internacional (…) Como marco psicosocial de lo colectivo, la ciudadanía mundial puede y se espera que produzca las acciones y la participación de sus miembros por medio de actividades cívicas a nivel público, que tengan por objetivo promover un mundo y un futuro mejores. Indefectiblemente debe funcionar sobre la base del respeto de los valores universales como los derechos humanos, la democracia, la justicia, la no discriminación, la diversidad y la sostenibilidad, entre otros” – UNESCO, “Educación para una Ciudadanía Mundial. Una perspectiva emergente” 2013. (Página 3)

Vista así, la enseñanza de la ciudadanía mundial se considera como un aprendizaje para toda la vida que debe comenzar desde las primeras etapas de desarrollo educativo, y asienta sobre las siguientes estrategias:

  • Enseñar los valores, los conocimientos y las competencias necesarios para la paz, la tolerancia y el respeto de la diversidad.
  • Cultivar un sentimiento de comunidad y de participación activa para devolver lo recibido a la sociedad.
  • Velar por que las escuelas estén exentas de todas las formas de discriminación, incluidas las desigualdades entre los sexos, la intimidación, la violencia, la xenofobia y la explotación.

Sobre esta base, las competencias básicas que comprende la educación para la ciudadanía mundial son:

  • El conocimiento y la comprensión de temas y tendencias mundiales específicos, y el conocimiento y el respeto por los valores universales esenciales (la paz y los derechos humanos, la diversidad, la justicia, la democracia, la solidaridad, la no discriminación y la tolerancia);
  • Las habilidades cognitivas para un pensamiento crítico, creativo e innovador para la resolución de problemas y la toma de decisiones;
  • Las habilidades no cognitivas como la empatía, la apertura hacia experiencias y perspectivas distintas, las habilidades interpersonales y de comunicación, y la aptitud para establecer redes e interactuar con personas de diferentes extracciones y orígenes; y
  • La capacidad de iniciar y participar en acciones de forma proactiva.

Según la UNESCO, en el documento La Educación ante Todo, la importancia de este enfoque reside en la idea que “el mundo se enfrenta a desafíos planetarios que requieren soluciones a escala mundial. Esos desafíos planetarios interconectados exigen cambios de largo alcance en la manera en que pensamos y actuamos en pos de la dignidad de nuestro prójimo. No basta con que la educación produzca personas capaces de leer, escribir y contar. La educación debe ser transformadora y dar vida a valores compartidos. Debe inculcar un interés activo por el mundo y con quienes lo compartimos. La educación debe también aportar respuestas pertinentes a las grandes cuestiones actuales. Las soluciones tecnológicas, la reglamentación política o los instrumentos financieros no pueden lograr por sí solos un desarrollo sostenible. Se requiere una transformación de nuestra manera de pensar y actuar. La educación debe asumir plenamente su papel protagónico y ayudar a las personas a forjar sociedades más justas, pacíficas, tolerantes e inclusivas. Debe proporcionar a las personas los conocimientos, las competencias y los valores que necesitan para cooperar y resolver conjuntamente los problemas interconectados del siglo XXI.” (Página 21).

Así planteada, la educación para una ciudadanía mundial tiene toda la potencialidad para convertirse en uno de los marcos más adecuados y comprensivos para construir una cultura de paz y desarrollar todas las competencias para aprender a vivir juntos, avanzando desde el respeto, el reconocimiento y la valoración del otro, y la empatía, hasta la participación activa y protagónica en procesos de construcción sociales que establecen las condiciones, las normas y los espacios necesarios para que ese aprender a vivir juntos sea una realidad.

Al mismo tiempo que la educación para una ciudadanía mundial provee un marco muy propicio para aprender a vivir juntos, también necesita de este enfoque para poder realizarse. Según se plantea en el documento de UNESCO Educación para una Ciudadanía Mundial. Una perspectiva emergente (2013), la ciudadanía mundial necesita de “Un ambiente político, social, cultural o religioso abierto hacia los valores universales (los derechos humanos y la paz) es clave en la promoción de los objetivos de la educación para la ciudadanía mundial (…) El entorno de aprendizaje debe fomentar los vínculos con la comunidad (tanto a nivel local como global), y los lazos entre los educandos y las experiencias de la vida real (actividades humanitarias, programas de intercambio internacional de estudiantes, aprendizaje de otros idiomas, estudios sobre otras regiones) como una alternativa o un complemento de ese aprendizaje.” (Página 4)

En síntesis, para hacerse realidad, la educación para una ciudadanía mundial requiere ser impartida en un ambiente donde se crea en una educación y una pedagogía transformadora, la cual es justamente, la que se obtiene como resultado de un proceso de enseñanza-aprendizaje que involucre como punto de partida el aprender a vivir juntos.

En este sentido, la educación para una ciudadanía mundial requiere:

  • Alentar a los educandos a analizar críticamente las problemáticas de la vida real y a idear posibles soluciones de forma creativa e innovadora;
  • Fortalecer a los educandos para reflexionar sobre las suposiciones, visiones del mundo y relaciones de poder que existen en el discurso tradicional, y tomar en cuenta a las personas y los grupos que son sistemáticamente marginados o no representados;
  • Respetar las diferencias y la diversidad;
  • Fomentar la participación institucionalizada para conseguir los cambios deseados;
  • Involucrar a múltiples actores, también a aquellos que están fuera de la comunidad educativa.

Finalmente, cabe destacar que la UNESCO ha lanzado una publicación sobre temas y objetivos del aprendizaje que brindan a tomadores de decisión, hacedores de política y educadores con una guía pedagógica para implementar la educación para la ciudadanía mundial en los ámbitos formal, no formal e informal.

Para acceder a la publicación por favor haga clic aquí.