¿Cómo construir nuestro concepto de aprender a vivir con otros?

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Para comenzar, creemos que es conveniente definir qué significa la palabra convivencia, cuya definición según el diccionario de la Real Academia Española, nos remite a la palabra “convivir“. Convivir significa “vivir en compañía de otro u otros”.

En nuestros tiempos, podemos observar que es muy común que, cuando se intenta definir la palabra “convivencia”, o convivir”, se lo hace más bien desde un punto de vista de aquello que no es. Es decir, cuando se habla de convivencia o de convivir, se aborda el concepto de conflicto y el de violencia, más que el de paz o resolución de conflictos, por decir algunos de los términos que se asocian a la definición de lo que es una situación de convivencia.

La convivencia no es un concepto estático. Puede entenderse como una situación pero también como un proceso que la genera cotidianamente, que más bien evoluciona y cambia constantemente para comprender e incluir las transformaciones colectivas que surgen a partir de la conjunción de los cambios que vivimos a nivel individual, familiar y comunitario.

Convivir en el siglo XXI, en el marco de regímenes democráticos, tiene características diametralmente distintas a convivir en la Edad Media en el marco del feudalismo o bien en el siglo XX, cuando las nuevas tecnologías de la información y la comunicación no estaban tan desarrolladas como en la actualidad. Las bases de la convivencia cambian y nos cambian, de acuerdo a los planteos que como grupos, poblaciones, comunidades, naciones, nos hacemos frente a cuales son las metas presentes y futuras que queremos alcanzar, y cómo queremos lograrlo.

Visto así, la convivencia envuelve aquello que fuimos ayer, lo que somos hoy y seremos en un futuro, así como también tanto los medios a través de los cuáles hemos desarrollado nuestro ser como aquellos que pensamos que utilizaremos para desarrollarnos en un futuro.

Por lo mencionado, la convivencia es un concepto que en esencia comprende al mismo tiempo acción y cambio, y por este motivo, la misma convivencia, el aprender a vivir con otros, genera conflictos. La clave está en cómo los entendemos, abordamos y resolvemos.

Cuando vivimos con otros nos exponemos a nosotros mismos, nuestra historia, nuestros intereses presentes y futuros. Si reconocemos al otro como a un igual, cuya historia, intereses y proyectos son tan valiosos como los nuestros, entonces, y sólo desde ese lugar, podremos acercarnos para intentar construir puentes de entendimiento para alcanzar juntos no solamente un acuerdo o un consenso, sino tal vez, un objetivo que sea superador de nuestras individualidades.

El conflicto es parte de nuestra vida cotidiana y de todos los ámbitos de los cuáles somos parte. Nuestra tarea, también cotidiana, es intentar establecer mecanismos para canalizarlo y resolverlo pacíficamente, evitando que el conflicto escale en la violencia.

Según la Real Academia Española, el conflicto puede definirse como:

  1. m. Combate, lucha, pelea. U. t. en sent. fig.
  2. m. Enfrentamiento armado.
  3. m. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.
  4. m. Problema, cuestión, materia de discusión. Conflicto de competencia,
    de jurisdicción 
  5. m. Psicol. Coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo,
    capaces de generar angustia y trastornos neuróticos.
  6. m. desus. Momento en que la batalla es más dura y violenta.

Como hemos leído, el conflicto puede ser un problema o una materia de discusión, pero también alcanzar un combate, una lucha o pelea.